22/01/2017
Quiero contar la historia de esta asombrosa mujer, la cual tuve el honor de guiar en su ascenso al Pico Bolívar.
Fue un ascenso de 6 días de duración usando una de las rutas de caminata más fuerte. Desde el principio ella comentó que no estaba entrenada, que ese no era su mejor momento físico, pero que si había llegado la hora de alcanzar su sueño de coronar la cumbre más alta de nuestro hermoso país.
Ella ya lo había intentado antes, pero por diversas razones, incluso ajenas a ella no había podido coronar. Ella con seguridad afirmaba que era su momento y que haría todo por lograrlo.
Durante el primer día, confieso que me preocupó su rendimiento, ya que apreciaba su cansancio y un poco de retraso con respecto al grupo, y yo conocía el fuerte reto que teníamos por delante.
Pero a pesar del cansancio, no se notó en ella, ni por un instante que manifestara emociones negativas o decayera ante el gran reto.
Al tercer día de esa expedición, algunos del grupo se hallaban agotados, con sentimientos negativos aflorados por el cansancio. La exigencia del camino era fuerte, pero esta admirable mujer que iba igual o más cansada, respondía era con más alegría al saber que con cada paso estaba más cerca.
Su buena actitud se contagiaba, además le permitía admirar los paisajes y disfrutar del camino.
Ya ese tercer día habíamos establecido qie daría 10 pasos y pararía a tomar aliento. Si, así de cansada iba, y eso lo repetía una vez tras otra, otra vez y otra vez. Siempre con una sonrisa y alegría.
Cuando llegamos al campamento base la veía y no creía que ella estuviese allí, así tan cansada pero con la mejor buena vibra que se puedan imaginar.
Amaneció, desayunamos y nos tocaba día de cumbre. Yo estaba preocupado por su cansancio acumulado y me quedé cerrando grupo junto a ella. Arrancó y daba apenas 3 pasos y paraba a tomar aliento. La animé y quedamos en el paso anterior de 10 pasos.
Así avanzó hacia la cumbre. Luego en las escaladas los esfuerzos tocaban muy duros, ella es bajita y le tocaba avanzar escalando escalones altos.
Ya casi para la cumbre tuve el placer de abrir la escalada a la antesala de la cumbre. Allí aseguré reunión y me coloqué de manera de poder asistir a quienes lea tocaba escalar. Allí ya gritábamos de emoción. Dale Raquel!! Yo no podía contener mi emoción de verla en la antesala.
Una vez allí, le correspondía a ella ser la primera en coronar y dar el grito de CUMBREEEE!!! Se lo ganó por su buena vibra y su imbatible fortaleza de voluntad y espíritu. Por estar incluso sobre su agotamiento y dar más allá de lo que su cuerpo le decía que iba a dar.
Bravo Raquel Av por haberme dado esa experiencia de vida mostrando esa fortaleza de espíritu.