18/07/2023
Cuando llegué a casa con mi bebé en brazos, lo contemplaba embelesada por su belleza y fragilidad, se volvió mi razón de ser.
Con el pasar de los días su llanto incansable, que me hacía caminar de un lado al otro acunándolo y cantándole, parecía no funcionar.
Meterme a la ducha para tomar un baño relajante y calientito, aprovechando que mi pequeño acababa de dormirse, dejando la puerta entre abierta para poder escuchar cualquier ruido, y, empezaba a llorar, volaba para acudir a su llamado.
No entendía a mi bebé, quería ser la mejor mamá para él, pero no lo entendía y estaba agotada.
Recuerdo estar sentada en la mecedora de lactancia, llorando por largo rato sin hallar consuelo, con mi bebé en brazos durmiendo.
Le envié un mensaje desesperado a mi esposo diciéndole que ya no quería ser mamá y él me respondió: ¿y qué quieres que haga, que la regale, lo damos en adopción? Claro que no quería eso y el llanto fue cada vez más fuerte.
Tenía mucho cansancio, sensación de soledad e incomprensión.
También pasé momentos, que veía la carita de mi bebé sonriéndome por primera vez y es como si el tiempo se congelara y todo se olvida.
Cuando escuché sus primeras risas, los primeros gorgojeos, sus primeros pasos, sus caras con los primeros alimentos, su energía y alegría. Lo fue todo.
Si amo tanto a mi bebé, ¿Cómo es posible que a veces sienta que ya no quiero ser mamá?...
La maternidad verdadera, es fuerte e intensa, con emociones que suben y bajan como en un carrusel. Es entrega, dedicación, amor infinito, llanto, alegría, satisfacción, cansancio, desvelos...
Está llena de momentos de disfrute y de frustración, emociones que pueden ir de un extremo al otro.
Por eso el dicho “la maternidad es caóticamente hermosa”
✍️Un bebé feliz (respetar autoria)