05/08/2020
La libertad de dudar
A 4 años de su dolorosa partida, sus muchachos le dedican estas líneas. Un 5 de agosto de 2016 se fue el Ñato, entre amores y odios. Y se ganó un lugar en la constelación de los que se jugaron la vida por un mundo más justo. Hijo de inmigrantes y gurí de clase media educado en liceo privado-católico, nunca le faltó nada. Pero les faltaba a otros, y para él, la patria era el otro. Entonces dejó su vida, sus amigos y sus bienes porque le fue más querida la libertad que no tenía, como escribió Vilariño.
Si hay algo que el Ñato nos dejó en claro, es que el socialismo es tan necesario como el camino que hacemos para llegar a él. Mente maestra, conspirativa y creadora de las grandes místicas a través de un relato tan acertado que logró su fin con el mismo; acumular y trascender. Que sería de la mística tupamara; cuantos muchachos y muchachas se hubieran enamorado de una forma de ser y hacer sin el relato mágico de esas acciones valientes en épocas que la patria pedía defensa armada.
“Si no hay patria pa todos, no habrá pa ninugno”, pensó, pensaron. Y así nació “la orga”, de la cual fue artífice y partícipe. Con todo para perder pero con muchísimo por ganar, le hizo la guerra a los ricos de siempre en nombre de los pobres, y aunque la changa no era fácil, dejó el cuero en la estaca.
Pecaré de atrevido (otra enseñanza que nos dejó) y me animo imaginar aquellas primeras instancias del coordinador con ese joven bancario teniendo claro y militando la escancia de la libertad con aquel método de que la acción une y las discusiones estériles nos separan. Porque nosotros, esa familia enorme que es la izquierda, nacimos del cuestionar. Cuestionando el por qué pocos tienen mucho y muchos tienen tan poco o nada mismo, y fuimos avanzando en cuestionar cuanta relación de poder se viera, hasta en las propias conductas humanas con nuestros pares.
En esa acumulación de dudas pareciera que fuimos acumulando súper dotes morales, una superioridad moral compleja, donde la vara para estar en este lado de la vida era y sigue siendo muy alta. Proceso pagado carísimo; un muro levantado entre pueblo e izquierda. Y que coraje es necesario para poder cuestionar a esa izquierda pulcra. El Ñato junto a miles lo hicieron, y lo hicieron haciendo. Construyendo poder real, poniendo la vida, eso único que tenemos, porque a las cartitas y a los manifiestos de buenos deseos ni los ricos ni sus cuidadores tienen miedo.
El Ñato pagó caro ese amor a la libertad y a dudar. Pelió y perdió. Llegó la cana, la tortura y la noche eterna encerrado, pero como buen soldado, no renegó por sus heridas, ni usó sus cicatrices. Salió de los pozos, de la picana, de sufrir la pura miseria humana y no cedió. Cuando los dedos acusadores señalaban el verde camuflado como único responsable, el Ñato salió a contrariar acertadamente. La dictadura había sido la forma que lo ricos y sus patrones gringos tuvieron para mantenerse impunes. Y que juzgar solo a los verdugos era injusto, y esa razón -la justicia- la invocamos para todos, incluso los enemigos circunstanciales pero con los cuales entendemos compartir formas y valores.
El mismo día que salió ya estaba hablando de repartir la tierra y la riqueza, como si hubiese estado doce años de vacaciones, como si nada hubiese pasado. Poco tiempo después las vueltas de la vida lo pusieron al mando de los que tiempo atrás le habían hecho la guerra, y supo manejar a los que tienen el poder de los fusiles. Lejos de asumir un rol de victima prosiguió con su mirada estratégica de construir una nación soberana. Esos molinos que hoy son paisaje fueron de esas peleas por soberanía, el cuidado de los recursos y la explotación de los mismos con un objetivo redistributivo.
Su grandeza fue tal que entendió que la lucha no es solo por los oprimidos, sino también por los opresores, y que en el que quiere cambiar el mundo no hay lugar pal odio. Muchos no le entendieron, y no los culpo, si él mismo no los culpó.
Pero lo rescatable es y sigue siendo el militar por hombres y mujeres libres, auto pensantes, que estén dispuesto a romper lo propio si lo propio dejó sus propósitos. Que hay que combatir la mentira que todo es complejo, que las elites son unas mierdas y que triunfar es matar a los hijos de p**a. Tan simple como ser un buen criollo, ser capaz de darlo todo por la patria, esa de fronteras inimaginables, tan simple como la sonrisa de un tupamaro.
Se fue yendo de a poco y hoy se lo extraña demasiado. Pero vive en el pueblo su sentir revolucionario que nos hace mover allí en donde exista un compañero aplastado, una causa por la cual luchar, una utopía con la cual soñar.
Salú ÑATO. Habrá patria para todos ☆ del muro de Iván Pioli