Como turismo entendemos el conjunto de actividades, generalmente lúdicas, que realizamos cuando hacemos un viaje. Sin embargo, la principal actividad que se realiza en un viaje en bici es, precisamente, viajar… horas y horas al día, durante días y días, semanas, meses o incluso años (y si no que se lo digan a Heinz Stücke). Medio de transporte y objetivo se confunden en una filosofía, una forma de
sentir y estar en el mundo que todos los que han viajado en bici conocen pero que es difícil de explicar. Libertad para viajar por donde y cuando queramos, por carreteras, pistas, senderos, calles… y sin depender de horarios, estaciones, chóferes, y encima… ¡gratis!. Solamente nosotros, nuestra bici y nuestras decisiones. Y a la velocidad del viento, volando a ras del suelo. Disfrutando sosegadamente de un paisaje que se transforma a un ritmo perfecto, humano, armónico. Mucha gente piensa que el cicloturismo es una actividad extenuante o que no está al alcance de cualquiera. Ni mucho menos. Cualquier persona que goce de buena salud y sepa montar en bicicleta, aunque nunca haya practicado ciclismo, puede hacerlo. Bien es cierto que la falta de costumbre o una mala forma física nos impedirán disfrutar plenamente del viaje los primeros días, pero la adaptación llega más rápido de lo que uno cree, y el gozo también. Es importante entrenar un poco antes de realizar nuestro primer viaje y además elegir un destino acorde a nuestra falta de experiencia, con pocos desniveles y buen clima. Somos nosotros quienes ponemos los condiciones y los límites del viaje y no debemos sobre-estimarnos. Y sobre todo, es fundamental aprender a dosificar el esfuerzo y conocer nuestro ritmo. Poco tiempo después descubriremos que la cadencia de un pedaleo suave y constante atravesando un bello paisaje, es como un mantra que nos proporciona esa quietud mental y emocional, esa sensación de plenitud, esa vuelta a la infancia a la que normalmente llamamos felicidad.