30/06/2017
https://www.lds.org/liahona/2010/01/the-best-is-yet-to-be?lang=spa
Jeffrey R. Holland
Dejen que las personas se arrepientan; déjenlas progresar. Crean que la gente puede cambiar y mejorar. ¿Es eso fe? ¡Sí! ¿Es eso esperanza? ¡Sí! ¿Es eso caridad? ¡Sí! Y sobre todo, es caridad, el amor puro de Cristo. Si algo quedó enterrado en el pasado, déjenlo enterrado; no sigan volviendo atrás con su baldecito y su palita de playa para escarbar en la arena, blandirlo en el aire y luego lanzárselo a alguien diciendo: “¡Eh! ¿Te acuerdas de esto?” ¡Paf!
Y, ¿saben qué? Esa acción probablemente dé como resultado que se desentierre del basurero de ustedesalgún fragmento desagradable y les respondan: “Sí, me acuerdo. Y tú , ¿te acuerdas de esto?” ¡Paf!
Y antes de lo pensado, todos salen de ese intercambio sucios y embarrados, desdichados y heridos, cuando lo que nuestro Padre Celestial desea es pureza, bondad y felicidad y redención.
Esa insistencia en volver a la vida pasada, incluso a los errores cometidos tiempo atrás, simplemente no es buena. No es el evangelio de Jesucristo. En algunos aspectos, es peor que el caso de la esposa de Lot, porque por lo menos ella se destruyó sólo a sí misma; pero en los casos de matrimonio y familia, de barrios y ramas, de complejos de apartamentos y de vecindarios, podemos terminar destruyendo a muchas otras personas.
Al comienzo de este nuevo año, tal vez no se nos requiera nada más grande que lo que el Señor mismo dijo que hace: “…quien se ha arrepentido de sus pecados es perdonado; y yo, el Señor, no los recuerdo más” (D. y C. 58:42).
Por supuesto, la condición es que el arrepentimiento sea sincero, pero cuando lo es y cuando se está haciendo un verdadero esfuerzo por progresar, somos culpables de un pecado mayor si seguimos recordando y reprochando a alguien sus errores pasados, ¡y esealguien puede ser nosotros mismos! A veces las personas son demasiado duras consigo mismas, con frecuencia ¡mucho peores que con los demás!
Y ahora, como los anti-nefi-lehitas del Libro de Mormón, entierren sus armas de guerra y déjenlas enterradas (véaseAlma 24). Perdonen y hagan lo que a veces es más difícil que perdonar: olviden. Y cuando les venga otra vez a la memoria, vuelvan a olvidarlo.