30/04/2022
EL MONTE
Sin derecho de autor.
PARTE (3)
Sin cortesía me asegura Baro, El Monte no d aún hojita ni nada que tenga virtud. No olvidemos que nuestros negros todo lo humanizan: * si al Monte no se le saluda, si no cobra, se pone bravo*.
El ladrón más osado en poblado no se atreverá en descampado a apoderarse de un bejuco para un hechizo sin un reverente con licencia, y sin abonarle en buena ley al dueño invisible y tenido unas monedas de cobre; y si no las posee, unos granos de maíz equivalente.
M.C., que va a la manigua con frecuencia en luna nueva, le dice así- ante todo saluda al viento del monte: Tie’ Tie’ lo masimene. ( buenos días ) Ndiambo luweña, tie’ tie’. Ndiambo que yo mboba mpaka memi tú cuenda mensu cunansila yari-yari con Sambianpungo mi mboba cuna lembo Nsasi lumuna. Nguei, tu cuenda. Cuenda macondo, mboba nsimbo Nsasi Lukasa! Pa cuenda mpolo, matari Nsasi… Dios dame licencia. En resumen, hablando en congo, M.C. le dice al Monte: mira que te doy para que me permitas recoger lo que necesito para un talismán o unos polvos, para llevarme sus piedras de Nsasi.
Sin esta reverencia, sabe que lo que se llevaría no tendría esencia: alma.
Árboles y plantas desempeñan un papel demasiado importante en la religión y en la vida mística de los negros de Cuba y de todo el pueblo mestizo de Cuba, para que esto, cómo observa Catalino, no sean legales con El Monte.
No hay Santo - Orisha - sin Ewe, ni Nganga, Nkiso y hechizo sin Vititi Nfinda. Árboles y plantas son seres dotados de alma, de inteligencia y de voluntad, como todo lo que nace, y vive bajo el sol - como toda manifestación de la naturaleza, cómo toda cosa existente. Por lo menos, así lo creen a pie juntillas mis numerosos confidentes. Este año mi marpacifico se empeñó en no darme una sola flor. Que no! Me está castigando, pero vamos a ver qué resuelve, se me queja una mujer. Y es que cuando los vecinos me pidieron que les diese unas hojas, sin pensar, yo se las di; y a él no le gusta eso. El quiere que le paguen. Es lo justo. Usted sabe que no se deben dar gratis hojas del marpacifico ni del paraíso.
Cuando un árbol no es precisamente la vivienda o trono de una divinidad, posee las virtudes que le confiere aquella a que pertenece. Tiene su Ashe, su gracia.