09/12/2025
Bellas Artes en 1990 era la meca de la "alta cultura" mexicana, ese lugar donde la gente va a sentirse importante con ópera o música de cámara. Juan Gabriel, el Divo de Juárez, con su música qe te hace tongonear el coxis, las letras que te hacen agradecer no tener saldo y sus lentejuelas, era visto por la élite como la encarnación de la vulgaridad.
Ya se imaginarán el infarto cultural que le dio a la élite cultural. Los intelectuales, críticos y literatos armaron un berrinche monumental, argumentando que permitir a Juan Gabriel era una profanación del templo del arte "serio". Aunque ustedes no lo crean, hubo intentos bastante serios para no llevar el evento a cabo.
Cuando no pudieron pararlo, el día del concierto, los asistentes no se comportaron como los snobs silenciosos de la ópera. La gente, emocionada de ver al Divo en ese lugar sagrado, gritó, se puso de pie, le exigió canciones, aplaudió y hasta bailó. Justo fue ahí fue donde los puristas aprendieron que por más snob que se sea, nadie puede dejar de bailar el noa noa.
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