NUESTRO ANÁLISIS
La pobreza y la desigualdad social existen a lo largo y ancho del territorio mexicano. Por un lado se ha concentrado el ingreso y la riqueza, en unos cuántos, mientras por otro, hay más de 80 millones de mexicanos que viven en la pobreza, y de estos, 30 millones están en la miseria; ésta es la marca de la estructura social mexicana. México sigue siendo "el país de la desigualdad
social", desde hace varios siglos. Las diferencias entre el 10% más rico de la población y el resto de los habitantes son mucho mayores a las que se ven en otros países. En 1987 solo aparecía un mexicano con una fortuna por arriba de los mil millones de dólares, en 1994, al final del gobierno de Salinas, 22 mexicanos aparecieron con mas mil millones de dólares, a finales de 2008, once mexicanos concentran en sus manos más de 100 mil millones de dólares. La gran riqueza de unos cuantos señores del poder y del dinero, causa la miseria y la pobreza de millones de mexicanos. Esta desigualdad no solo es económica, también se expresa en otros aspectos como las desigualdades educativas, la falta de oportunidades para los jóvenes, el limitado acceso a la salud para la mayoría de los mexicanos, las diferencias (discriminación) en la participación de la mujer, el número de hijos por familia y las diferentes oportunidades que ofrecen las distintas regiones del país. Por esas grandes diferencias económicas y sociales podríamos decir que nuestro país es varios Méxicos, pero en lo general dos, el México del norte, industrial, con amplia influencia de Estados Unidos y el del sur-sureste donde se concentra la mayor pobreza y se encuentran los grandes recursos energéticos como el petróleo y la electricidad y otros recursos estratégicos como los bosques y el agua. Por mucho que algunos quieran maquillar nuestra realidad para tratar de ocultar la pobreza, esta siempre aparece con su crudeza, recordándonos la situación. Ahí donde están los grandes polos de desarrollo, las grandes fortunas, las lujosas residencias, los modernos edificios, los grandes centros comerciales, está la miseria, unas veces encubierta, otras abiertamente. Los pobres somos un producto de la injusta distribución de la riqueza y entre más injusto es esto mas aumentamos los pobres y más nos empobrecemos. Una mirada rápida en algunas cifras del gobierno basta para sopesar el tamaño del problema. De acuerdo con las maquilladas estimaciones oficiales, el número de pobres pasó de 61.7 millones en 1994 a 72.2 millones en 1996, lo que representa 3.3 veces el crecimiento poblacional. Se estima que de 90 millones de mexicanos que en 1995 existían, 2 Millones 400 mil eran analfabetas y este problema tiene importantes raices económicas, ya que si las personas no tienen dinero para sobrevivir, mucho menos lo tendrán para estudiar, se pasan la vida trabajando. Por razones económicas más de tres millones de niños tienen que trabajar. Esto a la larga produce más mexicanos con pocos conocimientos, que serán trabajadores con salarios muy bajos, la mano de obra barata y desesperada que no podrá tener un futuro seguro y tranquilo por su bajo nivel económico. Alrededor del 50% de la población de México vive con uno o dos salarios mínimos al mes y otros con menos de eso. A la ya difícil situación en que viven millones de mexicanos en el subempleo y el desempleo hay que agregar a los que pierden su empleo formal, por ejemplo, más de 629 mil 300 personas oficialmente perdieron su empleo en la economía formal en los primeros 17 meses del gobierno de Fox. De esta cifra, la mayoría, corresponden a la industria maquiladora de exportación, sector donde más de 260 mil personas fueron despedidas de su empleo entre diciembre de 2000 y enero de 2002. Hoy quieren culpar a la crisis económica mundial de todos los problemas económicos de México, pero no es así la economía mexicana inició su desplome desde mucho antes por el saqueo de recursos de todo tipo que hacen altos políticos y empresarios y por las políticas privatizadoras impuestas por los llamados gobiernos neoliberales. Desde el año 2000 cuando Fox asumió la Presidencia, el país bajó su crecimiento a un promedio de 1.5 % y aumentó más el desempleo y durante el gobierno de Calderón, el que durante su campaña electoral se autollamó el presidente del empleo, el crecimiento promedio ha sido de 1 % y el desempleo está cerca de 10 %. El pronóstico es de un millón de desocupados para fines 2009. A muchos, lo que les queda es abandonar su tierra, emigrar buscando mejores oportunidades económicas. Se van del campo hacia las ciudades y de las poblaciones más pequeñas hacia las más grandes, como la ciudad de México, Guadalajara, Monterrey, Puebla, Jalapa, Veracruz, Cuernavaca, Morelia, Acapulco y otros, hacia el norte, a los cultivos de Sinaloa, de Sonora, de Baja California o de otros estados de la frontera con EU o al país vecino. En algunos estados, los que no pueden viajar lejos, se contratan o incursionan por su cuenta, "a ver si les va bien", en "el norte chiquito", la siembra de mariguana y amapola, como peones o sembradores. También hay la posibilidad de contratarse como informantes, burros o carne de cañón del narco. En 2006, oficialmente, a pesar del embellecimiento de las cifras, se aceptaba que por lo menos uno de cada dos mexicanos vivía en condiciones de pobreza. Pero queremos remarcar que la desigualdad no solo radica en el nivel de ingresos, pues una persona pobre no es solamente alguien carente de dinero, es mucho más que eso, es un ser humano afectado en sus condiciones materiales, sociales, políticas y hasta psicológicas. Las diferencias entre pobres y ricos no solo son de dinero, se manifiestan en todos los aspectos de la vida social. En las ciudades más grandes los contrastes sociales y económicos son muy evidentes, allí se confronta diariamente la miseria de los muchos que viven en las zonas populares, las barrancas y la periferia de la ciudad, con la opulencia de las zonas residenciales y los hoteles de categoría 5 estrellas y gran turismo. Junto a la pobreza crece la descomposición social. Aumentan la desintegración familiar, la prostitución, la drogadicción, la pederastia -“el turismo sexual” con niños y niñas evidentemente solapado por diferentes autoridades- . No importa que tan fértiles para la actividad agrícola y ganadera sean las tierras del sur y el sureste del país, muchas presentan un incipiente desarrollo agroindustrial. Sus habitantes continúan marginados por la falta de empleo formal, la carencia de servicios públicos básicos e infraestructura de medios y vías de comunicación y la ausencia de mejores oportunidades de estudio y de una mejor vida. Algunos productos como el café desde hace varios años viven una importante crisis de sobreproducción. Pero en ella además se nota la falta de apoyos adecuados, una eficiente estructura de comercialización y la organización de los productores, lo que lleva a que los acaparadores se sigan llevando grandes ganancias, mientras muchos productores a los que se les ofrece entre un peso y ochenta centavos como pago por el kilo del grano en su estadío de cereza, optan por ver con desesperanza como su cosecha se pierde sin ser cortada, o solo cortan para el consumo familiar. Siendo más alto lo que se gasta en producir que lo que se obtiene al cosechar. En noviembre del 2001 la exportación de este grano fue de 62 % menos que en la cosecha anterior. Los bosques han sido sobre explotados, trayendo la desforestación, la escasez del agua, la falta de lluvia, las cosechas insuficientes, la muerte o emigración de animales tanto criados por el hombre como silvestres. Esta explotación irracional ha sido en general a espaldas de las decisiones e interés de las comunidades y en beneficio de unos cuántos madereros, que acaparan la madera o de autoridades corruptas, tanto estatales como locales, que se benefician de la comercialización maderera. La actividad pesquera, está marcada por la falta de frigoríficos, transporte adecuado y deficiente producción lo que no satisface la demanda estatal y mucho menos la comercialización nacional. La falta de estudios profundos sobre el tema y la poca capacidad de pesca, lleva a esta actividad a un fuerte atraso en su desarrollo. En general, hacen falta programas para un desarrollo sustentable y sostenido que beneficien a la mayoría de la población, de nada sirve contar con un un gran potencial de riquezas naturales, si esto no es un beneficio para sus habitantes. Los indígenas siguen siendo los más pobres entre los pobres. En general, sus comunidades son los núcleos de mayor marginación social. Su extrema pobreza, su alta tasa de analfabetismo y el escaso dominio del español, agravan sus problemas sociales. Es tal su marginación que más de un 50 por ciento de los menores de cinco años padecen una grave desnutrición. En estos pueblos donde muchos consideran a la tierra como sagrada y a la lluvia como una divinidad, van de la mano la miseria y el proceso de deterioro ambiental. La deforestación de sus bosques, es evidente. La irracional explotación forestal, los incendios provocados o mal manejados durante las quemas agrícolas y pecuarias, y el pastoreo de ganado caprino y ovino son parte del problema. Pero las causas principales hay que buscarlas en la grave marginación económica y social, el poco o nulo apoyo asistencial de las dependencias de gobierno (municipal, estatal y federal) para atender sus demandas, la elaboración e imposición de paquetes y programas productivos no acordes a las necesidades ni a las características de los pueblos, la poca organización y participación de las comunidades y pueblos en la solución de sus problemas, y a veces hasta la nula participación de los interesados en la planeación de programas relacionados con el desarrollo social y el manejo adecuado de los recursos naturales. Las zonas indígenas siguen siendo reserva de mano de obra