07/06/2026
Testimonios del Valle - Ramón Ríos
Corrían los últimos días de 1979 cuando un joven de espíritu inquieto se plantó frente a la puerta de una terminal de camiones del Valle de Mexicali. El patrón le miró, consideró, y le tendió la mano. Así comenzó una de las carreras más largas y respetadas que ha dado el transporte de pasajeros en esta región.
Su primer maestro fue un hombre conocido como "Pachorras". Bajo su tutela aprendió el oficio completo: manejar por el Valle, cobrar boletos con la agilidad que el ritmo de la ruta exige y anticipar lo que viene más allá de la siguiente curva.
Nadie empieza desde arriba. Ramón recorrió cada escalón con paciencia y observación, absorbiendo no sólo la técnica sino el temple que distingue a un buen operador de uno excepcional.
La primera vuelta en solitario llegó en la ruta Durango-57, a las 7:00 de la noche. De ida lo acompañó "El Gallinazo" como respaldo. De regreso al siguiente día por la mañana, solo él y el camino.
Lo que venció esa mañana no fue únicamente la distancia. Fue el peso de la responsabilidad nueva, el ruido del motor y la voz interior que le dijo: ya sabes hacerlo. Desde entonces, nadie volvió a ponerle en duda.
Cerca del Ejido Guanajuato, la inauguración de la Siderúrgica trajo consigo una demanda nunca vista: más de 30 autobuses diarios trasladando trabajadores hacia la planta al amanecer y devolviéndolos a Mexicali por la tarde. Ramón fue pieza clave de esa operación que sostuvo el pulso industrial de la región.
Pero lo que más recuerda de aquellos días no es el volumen de vueltas ni el peso del trabajo. Es la imagen de sus compañeros reunidos bajo la sombra de un pino en las horas de espera — barajas sobre la mesa, risas, comidas compartidas en restaurantes en ejidos como el Nuevo León. Una hermandad que el tiempo no ha podido borrar.
Su versatilidad al volante lo llevó a operar algunas de las unidades más distinguidas de la época: GM Parlor, MCI, Crown y el elegante Viaggio, entre muchos otros modelos. M. Gutiérrez Aguilar, al frente del turismo, supo reconocer en Ramón al operador en quien confiar los traslados turísticos más exigentes — aquellos donde el margen de error es cero y la presentación lo es todo.
Tuvimos la oportunidad de reconocer su labor en nuestra reciente conferencia, pasando al frente para participar. El nombre de Ramón Ríos sigue siendo sinónimo de respeto y oficio bien hecho. Como aquella primera noche en la Durango-57 🚌