19/07/2018
ENAMORARSE PARA SUFRIR, VALE LA PENA?
Todos tenemos la necesidad impostergable de amar y de ser amados porque el amor nos hace sentirnos vivos, importantes, necesarios, acompañado y valorados.
Cuando nos falta amor, nos sentimos agobiados, incompletos y con un vacío existencial que solo nuestra pareja puede llenar. La soledad nos apabulla y la tristeza nos visita.
Está comprobado científicamente que las personas solitarias se enferman con mayor frecuencia y que envejecen más prematuramente.
Sin embargo, amar no es fácil porque cada persona es todo un mundo y acarrea sobre sus hombros toda una historia. Ambos traen a la unión amorosa todo un equipaje diferente y en el intento de acoplamiento surgen conflictos y dificultades que no siempre logran superar.
La fuerza del amor muchas veces alcanza para sobre llevar las cargas pero en ocasiones las complicaciones son tales que lo que en un momento fue una poesía amorosa se convertirte en una carga insostenible.
¿Quién puede afirmar que en el área del amor nunca jamás ha llorado y ha sido herido, ha fracasado o ha sido abandonado?
No obstante todos volvemos a intentarlo aunque nuestro corazón tenga cicatrices y decepciones porque el amor es a nuestro espíritu como el agua a las cosechas.
Intentarlo vale la pena porque la vida sin amor es como la tierra sin agua y evitar los conflictos y la separación es vital especialmente cuando hay hijos de por medio y cuando se ha recorrido todo un camino en común.
(1)
Perseverar
Es mejor ver los errores propios que los de la pareja porque al aceptarlos surge la posibilidad de cambiar y de mejorar. Romper no es la mejor de la soluciones sobre todo si hay hijos de por medio, a no ser que la relación se haya vuelto caótica y enfermiza.
(2)
Ceder
Aceptar que la otra persona tiene sus propias necesidades y razones. Si la crisis es agobiante conviene buscar ayuda y hacer un examen de consciencia para percatarse de los propios errores. Ceder para aprender, para conservar al amado.
(3)
Entrega
Quien ama lo da todo y lo que es mejor se da a sí mismo. Es una entrega cotidiana que no tiene tregua pues de esta manera se teje la mejor de las vestiduras, el amor. La entrega invita a la pareja a la reciprocidad y le da crecimiento al amor.