03/06/2026
Después de once años viviendo en Ávalon, creía que las mayores enseñanzas llegarían de los lugares sagrados.
De la Abadía.
Del Tor.
Del Pozo de Chalice.
Y sí, todos ellos me enseñaron mucho.
Pero con el tiempo comprendí algo más profundo.
Lo más valioso que he encontrado en Ávalon no han sido sus colinas ni sus antiguos secretos.
Han sido las personas.
Los abrazos compartidos.
Las conversaciones que transforman una vida.
Los amigos que terminan convirtiéndose en familia.
Las almas que llegan desde lugares distintos del mundo y descubren que, en realidad, estaban caminando hacia el mismo hogar.
Quizá eso fue lo que José de Arimatea vino a enseñarme.
Que nadie está destinado a recorrer el camino solo.
Que el amor crea comunidad.
Y que la verdadera espiritualidad no consiste en elevarse por encima de los demás.
Sino en sentarse juntos alrededor de la misma mesa.
Después de once años, si alguien me preguntara qué he aprendido en Ávalon, respondería:
Que el amor es nuestro verdadero hogar.
Y que la familia del alma existe.
✨ Te espero este domingo 7 de junio a las 18:00 h (hora inglesa).
Compartiremos historias, aprendizajes y aquellas verdades que el alma reconoce cuando encuentra su hogar.
🌿 Agustín Adrover