03/06/2025
Fuimos a Berlín con la mente y el corazón abiertos.
A aprender.
A dejarnos atravesar por su historia.
A observar cómo una ciudad y su gente conviven con cicatrices profundas, sin borrarlas ni ignorarlas.
Recorrimos sus calles, sus memoriales, visitamos el Memorial del Holocausto, los restos del Muro. Y también viajamos hasta Sachsenhausen, uno de los primeros campos de concentración construidos por el régimen n**i, a solo 35 km de Berlín.
Allí, entre el silencio y el frío, entendimos que no se trata solo de “ver” un lugar, sino de hacer memoria.
Más de 200.000 personas fueron encarceladas en Sachsenhausen entre 1936 y 1945. Decenas de miles murieron allí. Caminar por ese sitio es enfrentarse al horror que nunca debe repetirse.
La mayoría de los alemanes de hoy no son culpables de lo que ocurrió. Pero el compromiso que asume su sociedad es fuerte: no olvidar. El pasado está presente. Se nombra, se enseña, se muestra.
Berlín no es una ciudad “linda” en el sentido convencional.
Es ruidosa, compleja, incómoda…
Pero también profundamente humana.
Nos fuimos con más preguntas que respuestas, conmovidos, reflexivos, y con la certeza de que recordar es un acto de humanidad.
📍 Berlín, Alemania
📍 Sachsenhausen, Oranienburg