Historia del municipio
Del periodo neolítico es citado por los investigadores una estación arqueológica llamada cueva de “Los Olivillos” junto a la rambla Alías, así como vestigios de otros asentamientos prehistóricos de tribus atraídas por los abundantes yacimientos de metales de la tierra como el cobre. El topónimo de Lucainena de las Torres, parece ser que es de origen hispano romano, pues
el arqueólogo D. Juan Cuadrado encontró en el citado paraje de los Olivillos fragmentos terra sigillata. La hacienda o la villa pudo ser, probablemente, del patricio “Lucanius”. Cerca de este lugar han aparecido un pie votivo modelado en caliza, una lucerna de cerámica decorada con la figura de un danzarín tocado con un gorro y con la leyenda MNIVISI, además de un silbato de cerámica en forma de pez con incisiones, desconociendose hoy en día su paradero. Completa el topónimo de Lucainena la presencia de siete torres vigías del siglo XVI que se distribuían alrededor de una torre principal que defendía el pueblo. Su nombre originario era Lucainena de las Siete Torres, simplificándose posteriormente a Lucainena de las Torres. Historia del ferrocarril
A los pies de Sierra Alhamilla, en su extremo oriental, se levanta Lucainena de las Torres, un pequeño municipio que atesora uno de los testimonios mas representativos y espectaculares de la fiebre minera almeriense del siglo XIX: el ferrocarril minero que transportaba el hierro que afloraba en esta vertiente de Sierra Alhamilla, hasta el embarcadero de Aguamarga. Este mineral representa la segunda gran etapa de la minería almeriense y obliga a construir una infraestructura de transporte desde el interior hasta el punto de embarque en la costa, a 35 kms. El ferrocarril se construye entre 1894 y 1896, y estuvo en servicio hasta 1942, fecha en que las instalaciones mineras y ferroviarias se desmantelan, mientras las locomotoras, puentes y raíles se trasladan a Almería, para su reconversión como metal en una época de grave desabastecimiento de materias primas, tras la guerra civil. La línea comenzaba en Lucainena, donde recogían la producción minera a través de un entramado de vías y planos inclinados procedentes de las distintas minas situadas en los picos que dominan la rambla de Alias. La conexión de estas vías con la línea general a Aguamarga se realizaba por el impresionante plano inclinado del Burrucho, de 604 m. de longitud, cuya huella en la sierra y dominando sobre el núcleo urbano es todavía visible. El otro elemento espectacular es la batería de 8 hornos de calcinación. Desde allí dos planos inclinados salvaban el desnivel hasta la estación de partida de Lucainena.