09/03/2026
Hoy nos toca decir adiós a alguien que nunca fue solo un compañero de trabajo. Fue parte de nuestra vida diaria, de nuestras rutas, de nuestras conversaciones, de esos momentos que parecen pequeños pero que, con el tiempo, se vuelven inmensos.
Aunque se jubiló, decidió seguir con nosotros dos años más, como si su corazón supiera que aún tenía algo que ofrecer. Y vaya si lo ofreció. Su presencia llenaba el taller, la base, la carretera. Tenía esa forma tranquila de estar, esa serenidad que solo tienen quienes han recorrido muchos kilómetros, no solo en el trabajo, sino en la vida.
Fue conductor de camión, sí, pero también fue un faro. Un hombre que sabía escuchar, que sabía ayudar, que sabía aparecer justo cuando hacía falta. Su manera de ser nos enseñó que la grandeza no está en los gestos ruidosos, sino en la constancia, en la bondad y en el compromiso silencioso.
Hoy emprende su último viaje, uno que ninguno de nosotros puede acompañar, pero que honramos con el corazón en la mano. Nos quedamos con su ejemplo, con su risa, con su forma de mirar la carretera como quien mira un viejo amigo.
Gracias por cada kilómetro compartido.
Gracias por cada día que decidiste seguir aquí.
Gracias por dejarnos tanto sin pedir nada.
Buen viaje, compañero.
Que allá donde vayas encuentres caminos suaves y un horizonte en paz