02/02/2026
Lunes 2 de febrero de 2026
MENSAJE A MIS COMPAÑEROS DE LA FUERZA ROJA DE TODO EL PAÍS
Ayer el PLN, como partido de oposición, sufrió una derrota clara y contundente, mientras que la figura de Álvaro Ramos emergió como una de las grandes revelaciones de la jornada. Lo más sorprendente es que Álvaro Ramos Chaves, alguien completamente nuevo en la política nacional, logró algo que pocos imaginaban: hizo que el PLN volviera a arrancar, que recuperara impulso y que despertara una energía que hacía años no se veía en sus bases. Su estilo directo, su frescura y su capacidad para conectar con sectores desencantados devolvieron vitalidad a un partido que venía golpeado.
No lo niego: me siento triste porque mi candidato no llegó a la Presidencia. Pero dentro de esa tristeza hay una alegría enorme que no puedo ocultar: el PPSO obtuvo 31 diputaciones. Ese resultado cambia por completo el panorama político y abre una oportunidad histórica para mi gremio de taxis, que ha sido golpeado durante años por una competencia desigual e injusta.
Los compañeros de la Comisión Nacional de Organizaciones de Taxistas —Heriberto Arias Herrera, Adrián Morales Gago, José Luis Quesada Alvarado, Gilbert Ureña Fonseca, Maribel Guillén Pérez, Gilberto Arguello Villalobos, entre otros— hicieron un trabajo admirable. Su mensaje caló hondo en la Fuerza Roja. Tanto así que una mayoría muy amplia de taxistas y sus familias votaron y trabajaron hombro a hombro con doña Laura.
Y aunque mi candidato no ganó, me queda la satisfacción de que mi lucha siempre fue por una salida justa para el taxista. Hoy esa lucha ya no depende de favores ni de negociaciones inciertas: el país amaneció con una Asamblea Legislativa cuyo equilibrio cambió por completo.
La incertidumbre que históricamente ha acompañado la búsqueda de mayorías legislativas quedó atrás. Con 31 diputaciones, doña Laura asumirá, a partir del 8 de mayo de 2026, una posición de predominio parlamentario efectivo que le da una capacidad de incidencia institucional excepcional. Ninguna fuerza opositora —ni siquiera sumando todos sus votos— alcanza los 29 necesarios para contrapesar ese bloque, y mucho menos para frenar iniciativas clave como la regulación de plataformas digitales de transporte.
Desde una perspectiva jurídica, esta correlación de fuerzas significa que el Ejecutivo contará con una mayoría simple estable, suficiente para impulsar legislación ordinaria, aprobar presupuestos y avanzar en reformas sin depender de alianzas frágiles. La Constitución mantiene límites claros, pero la gobernabilidad se fortalece cuando existe un bloque cohesionado con capacidad real de decisión.
Sin embargo, esta nueva realidad no elimina los riesgos inmediatos. Es fundamental evitar que la actual Asamblea Legislativa apruebe cualquiera de los textos en discusión sobre transporte remunerado: el expediente 23.736 original, la versión enviada por el Ejecutivo bajo la gestión de doña Natalia Díaz, la propuesta de la diputada Carolina Delgado Ramírez o el texto del diputado Gilberto Campos Cruz, todos ellos plantean tarifas liberadas para las plataformas, lo que generaría un desequilibrio estructural que ahogaría al taxista y lo sacaría del mercado.
La discusión sobre tarifas no es solo económica: es un asunto de justicia, de igualdad de condiciones y de responsabilidad del Estado. La libertad económica solo es legítima cuando se ejerce bajo reglas simétricas. De lo contrario, se convierte en privilegio para unos y en condena para otros.
Por eso debe existir plena certeza de que la tarifa será idéntica para taxis y plataformas, desde el primer kilómetro hasta el último. Solo así se garantiza un entorno regulatorio equilibrado, donde la innovación conviva con la formalidad, la seguridad social, la tributación y el servicio público.
Si esto se cumple, en menos de seis meses después del 8 de mayo, el problema del taxista frente a las plataformas será un mal recuerdo. Y eso me llena de esperanza.
Me alegra profundamente por mi gremio, que por fin podrá trabajar con la cancha nivelada:
mismas tarifas para taxis y plataformas
choferes de plataformas asegurados como trabajadores independientes en la CCSS
todos inscritos en Hacienda
revisiones técnicas equivalentes para ambos sectores
Es un alivio saber que el taxista podrá salir a trabajar con más tranquilidad, sin sentir que compite en desigualdad.
Ahora bien, más allá de estas emociones, debemos darnos unos días para procesar lo ocurrido el 1.º de febrero. Lo que pasó es grande, complejo y lleno de implicaciones. El PLN no obtuvo ese resultado solo por mérito propio, sino por una coyuntura marcada por la presencia de Rodrigo Chaves, que volvió a dividir al país entre chavismo y anti‑chavismo. Esa polarización fue determinante, y buena parte del voto anti‑chavista terminó en manos de Álvaro Ramos.
El chavismo, por su parte, demostró ser una fuerza territorial sólida, con victorias en seis provincias y más de sesenta cantones. No lograron mayoría absoluta, pero con la mayoría simple que alcanzaron podrán avanzar en muchos temas.
Algunos partidos deberán replantearse su futuro; otros quedaron en cuidados intensivos; y otros, probablemente, desaparecerán. El Frente Amplio, en cambio, se mantiene firme, coherente y con una base real que reconoce el trabajo de su fracción saliente.
Por todo esto, conviene dejar que pasen unos días antes de sacar conclusiones definitivas. Necesitamos distancia para entender con claridad lo que significan estos resultados y hacia dónde se encamina el país.
Lo más importante es que nuestra democracia salió fortalecida, legítima y respetada. Y conviene afirmarlo con serenidad y claridad: durante años existió en amplios sectores de la ciudadanía la sensación de que el Tribunal Supremo de Elecciones actuaba con parcialidad o que algunas de sus decisiones generaban dudas. Esa percepción —justa o injusta— formó parte del clima político y del debate público.
Sin embargo, lo ocurrido en este proceso electoral ratifica de manera contundente la solidez institucional del TSE. Su actuación fue firme, transparente y técnicamente impecable. En un contexto de alta tensión política, el Tribunal demostró por qué es una de las instituciones más respetadas del país y por qué Costa Rica ha construido, a lo largo de décadas, una tradición democrática que sigue siendo referente regional y que inspira confianza dentro y fuera de nuestras fronteras.
Hoy, más que nunca, queda claro que nuestras reglas electorales funcionan, que los resultados se respetan y que la institucionalidad costarricense permanece como un pilar esencial que sostiene la convivencia democrática.
Rubén Vargas Campos.
Taxista