12/04/2026
EL GUACHO DEL GOYO CALLÓ PARA TRASCENDER.
El guacho del Goyo calló para trascender.
Porque lo que el hombre hace en la tierra no se va con él: permanece. Se transforma en historia, en huella viva, en memoria colectiva del pueblo. Por eso no muere… trasciende.
La muerte nos arrebató al artista del plano terrenal; lo volvió invisible, pero no ausente.
Él construyó, a través de su instrumento, un espacio eterno entre nosotros. Cada vez que su música suena, nos transmite su energía: sabemos que habita en cada nota, tan vivo que lo bailamos. Esa es la magia de quien vino al mundo a dejar huella.
Y no cualquier huella.
Gregorio Almeida, además de ser un ser humano admirable y excepcional, fue un constructor de música para siempre; de esas que no se apagan, que se quedan a vivir en el alma de los pueblos.
Ahora que su cuerpo ha dejado el espacio que ocupaba en este mundo, su espíritu se posa en aquella paloma que él poetizó cantando desde el árbol de Chirico, convirtiéndola en su símbolo sensorial y trascendente.
Ya no canta la paloma: es el espíritu mismo del artista el que se eleva y nos habla en su canto.
Hoy no despedimos su guacho ni su voz: lo reconocemos multiplicado en el viento, en la fiesta, en la nostalgia. Porque hay hombres que no se van; simplemente aprenden a quedarse de otra manera entre nosotros.
En un pueblo donde parece imposible conservar los grandes valores, a veces basta la fuerza de esos mismos valores para eternizarse. Y en esa eternidad hecha de música, memoria y pueblo, es donde Gregorio Almeida seguirá viviendo, al lado de los inmortales Catalino Parra Ramírez, Clímaco Sarmiento Avila, Michi Sarmiento Marimón y Manuel García, entre otros que se encuentran en la galería celestial de los más grandes músicos de Colombia.
No puedo decirle a dios a quien no se va....solo gracias por el rico legado concedido al folclore y a su pueblo.