29/11/2025
Hoy amanecí viendo a alguien declarar, con toda la seguridad del mundo, que Guillermo del Toro es “cine para gente que no sabe de cine”.
Y mira… opiniones hay miles, pero hay frases que delatan más al que las dice que al director al que intentan desacreditar.
Lo curioso no es la crítica —criticar es fácil— sino esa actitud de algunos “eruditos de sofá” que confunden gusto personal con nivel intelectual.
Hablan como si tuvieran un diploma universal en cine pegado en la frente, pero en cuanto rascas tantito, lo que aparece no es conocimiento: es ego.
Se sienten dueños del buen gusto, custodios del arte, jueces supremos de lo que “merece existir”.
Y cuando alguien disfruta algo que no está en su canon, se les descompone el carácter:
se ponen intensos, moralistas, y empiezan a repartir superioridad como si estuvieran salvando a la humanidad de ver “mal cine”.
La neta, ese complejo de iluminados cansa.
A mí hay películas que no me encantan, sí. Pero no por eso voy por la vida anunciando que quien las disfruta “no entiende nada”.
Porque detrás de cada film hay manos que construyeron, diseñaron, actuaron, editaron, sudaron.
Trabajo real, tiempo real, arte real.
Mi opinión es un punto de vista, no un arma.
Y quién sabe, quizá si dejáramos de usar la cultura como medalla de ego y la viéramos como un puente, la conversación estaría mucho más chida.