15/08/2026
Apredamos
PALABRAS QUE SIGUEN VIVAS
Hay palabras que escuchamos desde siempre. Las dicen nuestros abuelos, nuestros padres, nuestros vecinos y también nosotros. Las usamos en una conversación cotidiana, muchas veces sin detenernos a pensar que detrás de ellas existe una historia.
En Santiago del Estero, muchas palabras de origen quichua siguen formando parte de nuestra manera de hablar. Están vivas en la calle, en las casas, en el campo, en las reuniones familiares y en esas charlas de todos los días.
Palabras como machalu, llulla, huackalu, mapalu, micha o chujchalu tienen un significado, pero también tienen algo más: llevan una parte de nuestra memoria.
Y en ese uso cotidiano también aparecen distintas maneras de pronunciarlas. Por ejemplo, podemos escuchar machalu y también machalo. No siempre hablamos exactamente como encontramos escrita una palabra. La lengua se mueve, cambia, se adapta y va tomando nuevas formas.
Eso también es parte de nuestra historia.
El quichua y el castellano convivieron durante generaciones y, en ese encuentro, fueron dejando huellas uno en el otro. Por eso muchas de estas palabras llegaron hasta nuestros días formando parte de nuestra manera santiagueña de expresarnos.
No se trata aquí de dar una clase de lengua ni de enseñar una forma “correcta” de hablar. Se trata de algo mucho más sencillo y, para mí, mucho más importante: recordar, reconocer y valorar esas palabras que todavía están entre nosotros.
Porque quizás alguna vez escuchaste decir “es un machalo”, “es un micha”, “es un llulla”… y nunca te preguntaste de dónde venía esa palabra.
Hoy quiero que volvamos a mirarlas.
Que volvamos a escucharlas.
Que nos demos cuenta de que muchas de ellas siguen formando parte de nuestra vida cotidiana.
Porque una lengua también sobrevive cuando permanece en la boca de su gente.
Y mientras sigamos usando esas palabras, recordándolas y compartiéndolas, estaremos manteniendo viva una parte de nuestra historia y de nuestra identidad.
Desde Alma Carabajal, quiero seguir acercando estas pequeñas palabras de nuestra memoria, no para que queden encerradas en un libro, sino para que vuelvan a caminar entre nosotros.
El quichua santiagueño vive también en nuestra manera de hablar.
Alma Carabajal – Corazón del Monte
Alma Carabajal