21/07/2026
Columna de opinión de RAP-Chile publicada en Interferencia 🌱🌍
Las semillas tradicionales contienen memoria, identidad, conocimientos y diversidad genética. Son la base de la soberanía alimentaria y un seguro de vida frente a la crisis climática. La función de una institución pública debería ser protegerlas y fortalecer a quienes las mantienen vivas, no convertir al SAG en un policía de las semillas al servicio de un mercado controlado por grandes corporaciones.
Por María Elena Rozas, Coordinadora Nacional de RAP-Chile
Ante la ola de críticas provocada por el proyecto de resolución sobre comercialización de semilla corriente, el Servicio Agrícola y Ganadero publicó el 13 de julio una aclaración destinada, según señaló, a evitar interpretaciones equivocadas. Sin embargo, su respuesta no resuelve el problema de fondo. Por el contrario, confirma que la redacción sometida a consulta pública es ambigua y que puede alcanzar prácticas y actores que el organismo público ahora afirma que no pretende regular.
El SAG sostiene que las exigencias se aplicarán únicamente a quienes desarrollen actividades comerciales y que no afectarán a quienes conserven, compartan o intercambien semillas sin fines comerciales. Pero esa distinción desconoce cómo circulan realmente las semillas tradicionales en los territorios.
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