31/12/2020
Una noche de este invierno, el peor que haya vivido jamás, me levante a la madrugada sin soluciones a como seguir en este mar de miedos, mire el reloj de la cocina y marcaban las 3 y media, me tome un te, mientras mi miraba se perdía en la nada, de las noches neuquinas que no hacían ruidos ni autos, ni a camiones ni a nada.
No me pregunte el porque lo hice, pero me puse la campera, puse en marcha el auto y salí para el taller.
Transite las calles oscuras, sin trafico, sin personas, sin nada.
El candado de la entrada estaba esquivo, frio, no se había movido en días.
Prendí las luces de todo el taller, los micros uno al lado de otro durmiendo el párate mas grande de la historia.
Me subí al 55, me gusta ese micro, me gusta ese numero, lo puse en marcha, prendí la calefa, y me senté en el asiento 20, me hice mil preguntas que no tienen respuesta, puse música, y me quede dormido en la butaca.
Cuando me desperté el sol brillaba mas luminoso que nunca sobre los techos del 46, del 42, del 36, asomaba otro día sin historias de viajes, sin la misión en el mundo que teníamos como empresa, como organización, como transporte de tantas vidas, con tantos destinos entrecruzados que no se estaban cumpliendo.
Fue un año muy doloroso, principalmente a quienes esta enfermedad les robo un ser querido, o a quienes afecto la salud, eso sin dudas merece todo el párrafo aparte, un abrazo enorme para ellos.
Aquellos que perdieron su fuente de trabajo, aquellos que se quedaron sin sustento, aquellos que cerraron sus locales, aquellos que perdieron sus estudios, aquellos tantos aquellos, que somos uno, que somos todos.
Hoy quizás vuelva al taller, y me siente en el 21, consciente que esta batalla no esta ni cerca de ser ganada, pero nosotros no nos rendimos jamás.
Si nos unimos, si nos ayudamos, sin cuidamos al otro, si usamos las medidas de distanciamiento, si pensamos en el esfuerzo de cada persona que esta trabajando sol a sol en cada hospital, en cada policía, en los bomberos, en los que nunca pararon porque fueron esenciales para todos.
En el 21 voy a pedir, que todos nuestros motores se prendan, y que lleven a cada uno de nuestros pasajeros a donde quieran ir a tejer el futuro de su vida.
Les pedimos disculpas por los viajes que no hicimos juntos, les deseamos lo mejor a cada uno de ustedes y ojala nos veamos pronto, y seamos un tilín mejores.
Y ahora cuanto valen los abrazos?
Que darías por la libertad de juntarte sin miedo en cualquier parte, a cualquier hora y en cualquier lugar, con familiares, amigos y desconocidos?
Cuanto querrías caminar sin barbijo, y no estar pendiente de alcohol en gel?
Cuando fue la ultima vez que fuimos tan felices, porque estábamos en un lugar tan hermoso que no sabíamos apreciarlo.
Esta Pandemia, este año, lo cambiaron todo seguramente para siempre, porque vamos a ganar esta batalla, porque queremos ser libres del miedo, y queremos abrazarnos, besarnos, juntarnos cada vez que podamos.
No necesitamos tanto para ser felices, porque el que mas tiene es el que menos necesita,
aun así aspiramos que nuestros gobernantes nos representen para crear las políticas que sienten las bases para la igualdad, la justicia y el bienestar general.
Hemos sido valientes, nos hemos adaptado, y tenemos que seguir cuidándonos unos a otros, porque todos somos uno, y si bien nos cuesta tenemos que extremar esta distancia que duele pero nos permitirá un después, mas sentido, esperado, único.
Desde el asiento 21, brindare por ustedes, por nosotros, por todos.