04/05/2022
CLUB BELGRANO SAN NICOLAS.
EL DÍA QUE BELGRANO NUNCA PODRÁ OLVIDAR
Por Ignacio Arámburu
Sábado 2 de mayo de 2015. El día arranca temprano en la concentración del Hotel San Nicolás, como cada día antes de un partido. Pero éste es un partido especial, distinto a los demás. La gloria está a la vuelta de la esquina, a sólo 90 minutos queda la posibilidad de anotar los apellidos de todos los integrantes de este grupo en la historia grande del club. En el hospedaje de Avenida Savio 236 se huele a victoria, se empieza a soñar con la noche ideal. Sobra la confianza en este equipo, tanto que no se ensayan penales en la semana pese a que la serie final a esa altura, está igualada. Si algo tuvo como virtud este plantel y cuerpo técnico desde que se inició esta aventura fue creer en sus propias posibilidades. Convicción, personalidad, unión grupal, altruismo sobraron para llegar hasta aquí. Por eso, el optimismo es generalizado esperando la noche más soñada.
La cábala no se toca. Porque también hay quienes creen que repetir las buenas costumbres, ayuda al éxito. Y no está mal. El almuerzo tiene que ser en la casa de Juan Bellingardi, el amigo del plantel que se involucró con el compromiso que se necesita para conducir, junto con Pablo D’Adamo, una de las patas fundamentales de la mesa que siempre escasea: ser dirigentes.
Juancito prepara unos fideos para el deleite colectivo. La salsa para las pastas, livianita, la aporta el especialista Domingo D’Adamo. Se habla de lo que puede ser el partido, de los amigos que viajarían desde Ramallo para acompañarlos en el Jacinto Gato López, de la familia que iría a alentarlos, de la gente, de la cancha llena. También se ilusionan con que el estadio explote sin saber que luego 1.500 almas le aportarían el marco a la definición que ellos se merecían. Manu Doblores se la banca pese a no poder estar en el partido más importante, justo él, el baluarte que le encantan las batallas más bravas.
Después de las pastas, llega la hora de la siesta. El último sueño antes de hacerlo realidad. Valioso descanso para estar al 1.000% a las 19 horas, cuando suene el pitazo inicial. La ansiedad también aparece, lógica en estas circunstancias. Se escuchan las bombas de estruendo que suenan en Pellegrini y Savio. La hinchada ya se prepara. El plantel merienda y viaja a bordo de su ilusión rumbo al vestuario local de La Emilia, donde aturde la cumbia apenas termina la charla técnica.
Juega Fernando Landriel por Alan Pérez, "Lo pone para hacr el gol del título", anticipa un visionario Mingo D'Adamo. No está el Flaco Heinzmann, con fiebre toda la semana, otro puntal. Pero vuelve Ulises Bergez con su categoría. Adentro Rodrigo Rodríguez para jugar por derecha y enganchar con su zurda hacia el medio. La propuesta de los Verón para el gran día se nutre de astucia. En las decisiones de Avelino y Marcelo para los momentos decisivos también radica el secreto del éxito.
Están todos. Una nueva noche fría en La Emilia no los espanta, al contrario. Los une. El calor había que ponerlo en la tribuna gritando por Belgrano. Había que terminar con 87 años de sequía futbolera que ya agobiaba. Los hinchas históricos rememoran tiempos pasados antes del partido. Ahí anda en la platea el presidente Juan José Luciano, abrigado. Con fe. Rodeado de Daniel Maffei y Angel Cachari. El básquet dice presente. También aparece Nelson Reviglio, envuelto en bufandas, los hermanos Daniel y el Chino Parodi, Carlos Bertucelli. No falta nadie. En la parrilla, laburan los amigos de Bellingardi y que quieren al club: Coco Masuelli, Nico Danilín, Gustavo Laserna, Martín Beruti. Sobran voluntarios para una jornada donde los choripanes se venden a mansalva. Chicho Tubía y Mariano Heymo andan por todas partes. Pablo D’Adamo está inquieto. Regresó en avión desde Salta y no sabe si su corazón aguantará otra definición por penales como en la semi.
El primer tiempo es complicado. Deportivo Colón es un rival duro pese a no contar con Arrieta, su ancho de espadas. Los nervios aumentaban porque al equipo le costaba jugar y generar situaciones. Pero Dani Giordano inventa una jugada por izquierda, tira el centro perfecto al medio para la aparición fantasmal del goleador Landriel, que de cachetada cepilla su derechazo a la red. Y en tiempo de descuento, surge la magia de Rodrigo Rodríguez para sepultar tanto sufrimiento. 2-0 al descanso. Lo gritan desde Ketchup Ezquerra hasta T**i Cordisco, generaciones de la popular unidas para ver a Belgrano dando su primera vuelta olímpica. Desde Esteban Calcaterra o Eduardo Viale hasta Francisco Colla y el Chelo Arcovito. Avalancha y abrazos en la popu. Se levanta eufórico Luciano. En la platea se ven lágrimas de emoción que se sacuden con pañuelos para la ocasión. Aprieta el puño el Tano Fabiano prendido a la transmisión de Radio Mitre en la Vinoteca. Sobran motivos para descorchar. Delira Goyo Eseverri a la distancia, como el Potro Cerino detrás de la cordillera y el Colo Gaincerain desde Bueno Aires. Lagrimea el querido Toque. Belgrano es del Federal B.
El segundo tiempo transcurre con tranquilidad. Colón no inquieta al seguro Etchemendi. El éxtasis gobierna a La 14, que con sus fuegos artificiales, iluminan el cielo en la noche pañera. Suenan bombos, redoblantes, trompetas, la orquesta es completa. Belgrano es campeón, señores. Y nadie lo perturba que la alegría no sea por el certamen local. “Esto es más importante. Todos juegan la Liga para ganarla y clasificar al Federal C. Y acá estamos”, repiten todos en su algarabía.
El silbato final concreta oficialmente el ascenso. Nadie invade la cancha para festejar. La celebración en el verde césped, como siempre, les corresponde a los jugadores. Y al cuerpo técnico. Avelino, un caballero, cruza la cancha para saludar a su colega del rival y a la terna arbitral. Y se emociona. Saluda la ovación de una platea que lo aprendió a querer y valorar.
El plantel se cuelga al alambrado para retribuir el apoyo. Unos pocos confiaban cuando esta ilusión puso primera, en la misma cancha aquella tarde ante Argentino Oeste. Pero eso no importa esta noche. Todos unidos, la caravana de regreso a Pellegrini y Roca es un in****no de bocinazos que rugen. Es tan perfecta que asusta la noche que tanto se hizo esperar. La que Ocanto y Giordano, los jugadores-hinchas, tanto anhelaban para su club. El festejo no tiene final. La madrugada del domingo los encuentra bailando y saltando porque hoy no existe el cansancio.
“87 años, 87 años”, repite el presidente Luciano. Como fanático del fútbol que es, Juanjo esperaba este momento como pocos. Porque desde hace años, apuesta fuerte por este deporte y el título se le negaba. El primero llegó con ascenso a la cuarta categoría del fútbol argentino y con la posibilidad de ser invitado a la Copa Argentina. A sumarle un logro más a su gestión.
Sábado 2 de mayo de 1015. Faltan 29 días para comenzar el Torneo Federal B. Todo es muy efímero y vertiginoso. Pero Belgrano debe disfrutar su conquista que tanto se hizo esperar. Y valorarla con un apoyo sostenido en la nueva categoría y en la Liga local. Plantel, cuerpo técnico y dirigentes se lo han ganado.