01/09/2017
Reflexiones para no perderse de la infancia de nuestros niños
Dicen que el mejor tratamiento es la prevención. Que mejor prevención que dejarle como legado a un niño las capacidades de optimismo, esperanza y alegría. Los niños son la puerta de entrada a la inocencia y felicidad más pura. Estar con ellos de manera consciente desde el asombro y la curiosidad es una de las mejores maneras de sentir y comprender los valores. Estar con niños permite practicar sentirse vivo y conectado con algo “mas importante”, lo que da verdadero sentido. Si uno no se siente de esa manera, es una muy buena oportunidad para replantearse sus propósitos y prioridades…
1. Felicidad, biología y evolución en acción: la paz, la bondad, el amor se “enseñan” por presencia. Por suerte, los bebés y niños nos lo generan para que ellos mismos luego lo puedan imitar. La ternura y la alegría que sentimos ante un niño no es casualidad, sino pura evolución y biología en acción. Un bebe genera que nos olvidemos del mundo y estemos presentes y alegres la mayor parte del tiempo. Las características de “bebe” se garantizan ese superávit de experiencias humanas alegres y positivas. Los valores no son solo cuestiones éticas, en realidad son conductas que se relacionan con la supervivencia y representan estados biológicos en los cuales nuestro sistema nervioso, y de allí el resto de nuestro cuerpo, actúa de manera más eficiente. Busquemos y aprendamos a ser felices de verdad y nuestros hijos serán felices. Nuestra evolución ha sido posible porque aprendemos por imitación y por suerte hubo mayoría de adultos dignos de imitar. Los cerebros de nuestros niños aprenderán a imitar nuestros estados anímicos predominantes, para bien o para “no-bien”. Las emociones positivas como las “negativas” cumplen un rol importante en el desarrollo. Un superávit de las positivas, con la suficiente cantidad de “frustraciones útiles” son un buen combo para el desarrollo. Este combo se daba naturalmente en nuestra cotidianeidad no tan informatizada. El “progreso” nos trajo mejoras pero también un vértigo y cierta desconexión que esta afectando el desarrollo emocional de muchos niños. Es importante reconocer y practicar una presencia consciente cuando hay niños a nuestros alrededor.
2. Orden y libertad en su justa combinación: cuanto más tiempo esté con su hijo, más lógicos serán los límites al provenir de horas compartidas comprendiéndose. La infancia es un período de gran curiosidad en el cual los niños aprenden probando. Los límites deben ser claros y firmes, y deben provenir de un lugar de lucidez. Aquel que es padre sabe que abundan los episodios en los que se da todo lo contrario: perdemos la paciencia y terminamos a los gritos. Más que ser fácil o difícil, el tema de lograr poner límites desde una mente que logra conservar la “calma” es un tema de práctica y observación de nuestros propios estados de ánimo y cansancio. Es muy importante poder anticipar cuando nuestro ánimo necesita una pausa. Muchas veces es nuestra falta de paciencia, ambivalencia o un limite puesto fuera de tiempo lo que desata un “berrinche” en un niño. Cuando buscamos conscientemente lograr estados de claridad anticipada, nuestro estado de tranquilidad ya es un poderoso regulador de la conducta del niño y nos permite evitar desencuentros que luego catalogaríamos de caprichos de los niños, cuando en realidad fueron malos entendidos o falta de anticipación.
3. TV y pantallas, alto riesgo para la infancia y el desarrollo cerebral: que quede claro que la TV y las computadoras no son malas de por sí, sino que la falta de regulación y de supervisión es lo que las torna abominables para el sano desarrollo de un cerebro. No es tanto la tecnología sino la edad y tiempo de exposición lo que convierte las pantallas en terriblemente nocivas. De manera ideal, los niños no deberían estar expuestos a la TV y demás pantallas antes de los 3 años. Los profesionales de la salud mental infantil estamos recibiendo las primeras generaciones de niños excesivamente expuestos a la TV antes de lo recomendado y no es nada bueno lo que vemos. El detalle a tener en cuenta es que antes de recibir una carga de sobre estimulación de sonidos, luces e imágenes muy tentadoras el cerebro debe recibir primero un superávit de experiencias de interacciones cara a cara y juego con otros, tanto con niños como con adultos. Si eso ya está en caja o se da en abundancia durante los primeros años, una hora de dibujitos infantiles no debería causar ningún daño. El tema es que muchas veces desde los primeros meses de edad y a lo largo de años, los niños reciben muchas más horas de jueguitos y TV ante un mínimo de situaciones de juego libre e imaginativo. ¡Primero lo primero! Los niños tendrán toda la vida para ser genios de la informática. Serán más genios con sus computadoras si se preservan los primeros años de vida de tanta imagen y vivencia virtual y abunda el juego real con otros. La inteligencia emocional se aprende entre cerebros, entre seres humanos, y su base se construye desde el nacimiento. Es importante primero cumplir con los procesos de experiencias reales para luego comenzar con lo virtual. Hoy la niñez está en grave peligro debido a la inversión y no comprensión de este detalle. Horas de TV y computadora a edades muy tempranas pueden dañar de manera profunda el desarrollo y la maduración del cerebro. No hay nada mejor que el juego que se aprende haciendo y participando con todos los sentidos en acción con otras personas. Esto es fundamental durante los primeros años de vida. Las imágenes provenientes de las pantallas sólo le dan trabajo al sistema visual, sin la participación integrada del resto de los sentidos y del movimiento. Las imágenes prefabricadas alimentan los circuitos cerebrales de gratificación inmediata e interfieren en la maduración del aprender a postergar la gratificación. Las bases vuelven a ser las mismas: presencia, tiempo compartido, juego real, naturaleza, amor, respeto, constancia, rutinas, ritmos, límites y orden. Nada nuevo bajo el sol… pero no enciendan antes de tiempo el televisor, que oscurece…
4. Moverse y jugar contribuye a cerebros sanos y mentes felices: la infancia y el cerebro de los niños precisan movimiento. Cuantos más circuitos cerebrales, sentidos, ideas y emociones se reclutan en torno a una actividad, mejor. Las plazas y sus juegos no son casualidad. La infancia temprana pide movimiento y juego. El juego en movimiento en compañía de otros que están felices es receta para un cerebro feliz.
5. Pase tiempo con su hijo: la infancia pasa volando. No se pierda el estar y aprender de la frescura de los niños. El estar con niños claro que genera estrés, pero la gran mayoría de las veces si uno ha comprendido de que se trata vivir, comprenderá que es un estrés positivo del cual se aprende, solo si uno esta “consciente”. Decida ser parte de los recuerdos de su hijo. Evite distracciones al estar con ellos. Sea consciente de los momentos de “presencia ausente” o cuanto tiempo usted está frente a la computadora, el celular y demás pantallas. Esté atento a sus propios estados de irritabilidad y la manera en que les contesta a un niño cuando lo “interrumpe” mientras usted está con alguna de estas piezas de tecnología. Recomiendo a los padres asumir un compromiso y definir límites propios con respecto a llevar trabajo a casa y llevar registro de cuánto de nuestro entretenimiento está basado en pantallas. Nada mejor que mover el cuerpo, reclutar músculos, emociones y sentidos en juegos verdaderos y situaciones verdaderas entre personas verdaderas: árboles, pelotas, toboganes, areneros, trepadores, bicicleta. Nada le gana a lo natural y verdadero, salvo nuestra pereza y falta de conciencia.
6. Cara a cara, miradas y sonrisas: una de las mayores fuentes de inspiración proviene de poder mirar a los ojos con una profunda conexión a un niño, admirando lo maravilloso que es ser niño. Esta sensación solo rivaliza con el amor que uno siente al ver cómo se les ilumina la cara al recibir nuestra mirada atenta y presente. Los ojos y la atención presente y admiradora de un padre no tienen rival a la hora de encender las felicidad en un niño, y lo mismo viceversa. ¿Casualidad? ¡No! La más pura expresión de la evolución humana. Pilares del sano desarrollo del cerebro y la mente.
7. ¿Conductas negativas?: las conductas desafiantes no son primariamente de los niños, siempre provienen de algún desajuste, desgaste o falta de comprensión de las variables del entorno. Entornos que deben revisar sus prioridades y la calidad de los tiempos dedicados a la crianza con base en la felicidad. Esto no significa juzgar al entorno como culpable o malo, sino señalar la necesidad de lograr una actitud de comprender que hay debajo de un berrinche, cuáles son las variables que se desajustaron y buscar nuevas oportunidades y opciones. Las conductas y desencuentros de un niño nos “hablan”. Si estamos atentos y conscientes podremos hacer el mejor uso de todo lo que sucede en la increíble aventura de criar un niño.
8. Alimentación consciente: Consciencia sobre que elegimos de las góndolas y como preparamos los alimentos. Nutrición verdadera o ganancias para la industria basada en "alimentos" diseñados a bajo costo para durar mucho tiempo en la góndola, pero vacía de nutrición. Comer, alimentarse y/o nutrirse, todo un capitulo aparte, para otra oportunidad...pero no menos importante!!
El vivir la vida de manera consciente es la gran escuela. Nuestras propias emociones y la crianza de un niño son de las “materias” mas importantes. No se pierdan de estar atentos a ellos. Son la puerta para comprender de las felicidades y valores mas plenos y duraderos. El vivir es aprender a estar primero con nosotros de la mejor manera para luego poder compartir la claridad con todos los demás, en especial lo niños.