02/05/2018
Un día un curioso viandante se detuvo para observar la construcción de una catedral.
– ¿Qué está haciendo, buen hombre?, preguntó a uno de los obreros.
– Ya lo ve, levantando esta enorme piedra. Con este sol el trabajo es insoportable. Un día tras otro. Un mes tras otro. Un año tras otro. Unos días con calor, otros con lluvia, muchos con frío. Ya no aguanto este trabajo.
El viandante se dirige a otro trabajador que golpeaba una enorme piedra con el pico y luego la levanta con gran esfuerzo para colocarla sobre otra.
– ¿Qué hace usted, buen hombre?, pregunta al esforzado trabajador.
– ¿Es que no lo ve? Estoy levantando este interminable muro que, si Dios no lo remedia, acabará conmigo. Si no lo hago, no puedo llevar el pan a mi casa.
El viandante avanza y se encuentra a un tercer trabajador que está realizando una tarea similar a la de los dos anteriores.
– ¿Qué está haciendo usted, buen hombre?
El trabajador, sonriente y orgulloso, contesta de manera entusiasta
– Estoy construyendo un lugar en donde las personas de esta ciudad encontrarán paz y alegría.