16/11/2025
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Toniná, ubicada en el valle de Ocosingo en los Altos de Chiapas, destaca como uno de los complejos arquitectónicos más imponentes y enigmáticos del periodo Clásico Maya. Conocida en la antigüedad por el glifo-emblema Po, cuyos gobernantes portaban el título de k’uhul po’ ajaw, la ciudad desarrolló entre los siglos VII y IX d. C. una élite fuertemente militarizada que sostuvo prolongadas rivalidades con centros como Palenque, llegando incluso a capturar al rey Kan Joy Chitam II en 711. Esta vocación beligerante se refleja en su notable producción escultórica, donde abundan representaciones de prisioneros y escenas de dominación ritual, elementos que subrayan su papel como uno de los poderes guerreros más influyentes del occidente maya.
La gran acrópolis de Toniná constituye su rasgo arquitectónico más sobresaliente. Construida mediante la transformación de una colina natural, está formada por siete terrazas escalonadas que sostienen templos, palacios, patios y largos sistemas de escalinatas. Desde la plaza inferior hasta la parte más elevada, esta montaña ritual alcanza aproximadamente setenta y cuatro metros de altura, cifra que la sitúa entre las estructuras mesoamericanas más altas e incluso por encima de la Pirámide del Sol en Teotihuacán según mediciones recientes. La monumentalidad vertical de Toniná cumplía una doble función: servía como eje ceremonial que guiaba el ascenso hacia los niveles superiores del cosmos y afirmaba visualmente la supremacía política de la ciudad sobre el valle y sobre sus adversarios regionales.