02/03/2026
El Estrecho de Ormuz se ha convertido hoy en la principal noticia logística del mundo. No es una exageración, por este estrecho transita cerca del 20 % del petróleo global y volúmenes críticos de gas natural licuado, lo que lo transforma en un verdadero termómetro de estabilidad para la economía internacional.
De acuerdo con expertos de la industria marítima, la mayoría de las líneas navieras han detenido o suspendido reservas hacia el Golfo Pérsico, y ya se estima que más de 200.000 TEU permanecen “atrapados” en la zona sin poder transitar hasta que mejoren las condiciones de seguridad (ver imagen donde los puntos rojos resaltan).
Compañías como Maersk, Hapag-Lloyd y MSC han suspendido cruces o desviado buques, reconfigurando itinerarios que apenas hace unas semanas celebraban el regreso paulatino al Mar Rojo. Hoy, nuevamente, el desvío vía Cabo de Buena Esperanza en África vuelve a ser la alternativa, con el consecuente incremento en tiempos de tránsito, consumo de combustible y costos logísticos.
Pero el impacto no termina ahí. Muchos contenedores deberán descargarse en puertos HUB como Singapur, Malasia, Corea o China para permitir que los buques continúen su viaje por rutas alternativas. Y esto ocurre en un momento especialmente delicado, los puertos asiáticos ya enfrentan congestión tras el retorno del feriado del Año Nuevo Lunar, con acumulación de naves, presión sobre los slots y mayores tiempos de espera.
La combinación de un chokepoint energético en crisis y hubs asiáticos tensionados crea un escenario donde los cuellos de botella pueden profundizarse, los recargos por riesgo incrementarse y las tarifas volver a subir.