Mi nombre es Marcos, tengo 29 pirulos y unas ganas inmensas de transmitir cosas, siempre. En este último tiempo he entendido que un sueño, para ser cumplido requiere de mucho trabajo, esfuerzo, voluntad y dedicación. Ejercitar estas virtudes es, entre otras cosas, superarse física y psíquicamente. Personalmente, sostengo que la bicicleta como ejercicio, transporte y modo de vida, se puede incorpor
ar masivamente, para hacer un aporte invaluable en la búsqueda de un cambio social profundo. Teorizando improvisadamente, lo atribuyo al ciclo del pedal. Ese movimiento cíclico y repetitivo que una vez aprehendido, no precisa de nuestra conciencia para persistir. Al mismo momento que esto sucede, la sangre comienza a circular, la temperatura del cuerpo se eleva lentamente, y nuestro cerebro es irrigado de una manera be***al. La sangre pura, tibia, oxigenada, es el combustible de infinitos pensamientos. A veces críticos, a veces pesimistas, a veces optimistas, y otras veces contemplativos. El combustible es infinito, la sangre no. Pero yendo y viniendo con ese oxígeno, se convierte también en un movimiento que puede ser infinito. O tan finito como el oxígeno se lo permita. Por eso, a más pureza de aire, mayor rendimiento. Y del mismo aire que consumimos, nos hacemos parte cuando todo este proceso se convierte en sudor. Volvemos a ascender, somos lluvia, y volvemos a beber nuestro esfuerzo. Ese aire también nos roza permanentemente en nuestro movimiento, con el único propósito de hacernos saber que está ahí, para que lo sigamos respirando, para que no nos detengamos jamás, mientras tengamos al menos una molécula de oxígeno para respirar.