08/11/2022
A mi querida hermana mayor: dí todo de corazón durante 1 año exacto, sin esperar nada a cambio. Recuerdo cada abrazo y tomar tu mano para consolarte en tu proceso de duelo, tu enfermedad física y otras dificultades. Una vez me comentaste que eso era Evangelio. Cuidé a tu niño, te ayudé con la tecnología, redactamos juntas la historia anual de la estaca. En cada gesto fraterno y en cada palabra de aliento sé que estaba Dios. Una malinterpretación en una noche fue el inicio de un desierto en mi vida y me fui porque la pasé mal, una situación de estrés.Quise arreglar todo, enviando muchos mensajes pidiéndote ayuda, para que, así como tantos días estuve en todas por vos, esperaba lo mismo. No me arrepiento de quererte mucho. Ya expresé todo lo que siento: amor puro de hermana y el gran dolor de no haber sido acompañada en este desierto. Sierva inútil fui, hice lo que Dios me pidió hacer: te perdoné, volví a ser tu amiga, te acompañé de nuevo como hermana. Ocupé tiempo para vos, tiempo que espero que recuerdes siempre. Nada fue en vano, todo fue por la gracia de Dios. Volvería a perdonarte. Disculpá por haberme enojado y expresarme equivocadamente. Gracias por todo y te extraño. (Escribo estas líneas como algo personal, pero animo a que nos edifiquemos mutuamente y si alguien siente que lo que hizo por el otro no valió la pena o es malinterpretado sepa que Dios ve nuestro afecto desinteresado y nuestras lágrimas, nos consolará y reconfortará. No hay condena para amar de forma pura a la manera de nuestro Señor Jesús. Los seres humanos somos imperfectos pero con poder sobrenatural cuando él nos guía para ayudar al otro. ¡Ánimo!).